domingo, 7 de abril de 2013

Capitulo 2.

Estaba todo tan tranquilo, pero a la vez, frio y oscuro. Veía todo gris, con borrones, estaba en una calle, no sabía donde pero era extraña, con contenedores a los lados, gatos maullando en la oscuridad y yo sin compañía. Al final de la calle había una especie de pequeña luz, corrí hacia ella, pero al llegar, para mi sorpresa me choqué con algo, no tenía muy claro lo que era, pero era parecido a un cristal, un cristal desde el cual podía divisar a mis padres, mi hermana, mis amigos, coches, calles, contaminación, desconocidos... Podía ver como absolutamente todo pasaba delante de mis ojos. Di golpes en aquel cristal, mientras gritaba, golpes tan fuertes que quizás en otra ocasión y en otro lugar habrían roto el cristal a la primera y me habrían dejado sin conciencia alguna, pero este cristal era diferente, no me hacía daño al golpearlo, por más fuerza que emplease en ello y  no se rompía, por muchos golpes que le diera. Lo peor ocurrió al darme cuenta que no iba a obtener ninguna respuesta del otro lado del cristal. Me derrumbé, me eche a  llorar, la rabia me comía por dentro, la rabia de la que había explotado y se manifestaba sacándome las lagrimas. 

De repente, como de la nada, se comenzó a crear un circulo en el cristal, como si yo tuviera que traspasarlo para llegar al mundo real, el mundo en el que realmente vivía. Corrí como jamás antes lo había hecho.


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Todo había sido un sueño, un sueño profundo del que no conseguía recordar nada más. Era raro, no había venido mi madre a levantarme es mañana y ya pasaba de mediodía. Pero gire la cabeza y pude darme cuenta de que no estaba en mi habitación, no eran mis ventanas, ni las paredes estaban pintadas como en casa y al intentar levantarme de la cama, esta hizo muchos ruidos, era incomoda. Caí en la cuenta, me encontraba en el hospital, en una camilla, con con un pijama que olía mal y quedaba peor. Gire la cabeza un poco más y pude ver a mi madre sentada en el sillón que ponían en los hospitales para que los familiares pasarán la noche.
- Mamá -la dije con un tono de voz absolutamente distinto al mio, me costaba hablar y respirar- ¿Qué me ha pasado?
- Eso no importa ahora.-me acarició la cara apartándome el pelo a su vez- Ahora lo importante es que estas bien y todo ha pasado.
- Quiero saber lo que me pasa mamá, dímelo, una persona no esta en un hospital por tonterías -puse cara de enfadada- ¿Qué hora es? -no tenía mucha fuerza, intente levantarme-  Me duele todo- Dije entre gemidos.
- Te ha dado un ataque de pánico y has empezado a dar golpes muy fuertes, así que tu padre y yo llamamos a la ambulancia, que vino a buscarte a casa y te trajeron hasta aquí hará unas seis horas, pero debes haber dormido como una reina, por que son las doce de la mañana. -comenzó a reírse.
- ¿QUÉ? No, no puede ser, es imposible. ¡Necesito ir al instituto ya!.- intente levantarme,  pero no lo conseguía. - Llama a Paula y a Tere y dilas que vengan.
- Están en clase, no puedo llamarlas ahora cariño. Si no ya lo habría hecho. -me decía con seguridad- anda tranquilízate, te prometo que a las dos y media las llamo para ir a buscarlas y que coman aquí contigo -me dijo con una sonrisa en la cara- ¿Pero que es tan importante para estar así? Luego cuando no te levantas de la cama y empiezas a decir que soy mala por que te obligo a ir al colegio bien que te quejas y hoy que no tienes clase por estar aquí, con estos humos.
- Mamá déjalo, no lo entenderías nunca, créeme. 
- Ya, claro, como que yo no hubiese tenido tu edad -se reía- que yo ya he pasado por esos años Emilse, que cuando tu vas yo ya he vuelto. -siempre repetía esa frase.
- Bueno, que da igual no te lo voy a contar y punto. -no sabía muy bien que decirla, jamás iba a contárselo, y me empecé a reír.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Capitulo 1.

Al fin y al cabo, ¿quien soy yo? Tan solo una más, una de tantas. Sé que no puedo olvidarme de el, no quiero hacerlo.-pensé. De repente paso delante de mi. Tenia tanto miedo de que lo supiera, que hasta intentaba no mirarle pero era inevitable, como siempre no me resistí a sus encantadores ojos marrones que encajaban a la perfección con todo el, desvíe la mirada, buscando donde esconderme para que no se diera cuenta.
-¡Emilse! -gritó alguien a mi lado, al girarme pude comprobar que era quién yo imaginaba, Paula ¿Quién iva a ser si no? Me miraba fijamente, con sus ojos azules bien abiertos y levantando las cejas- Que ¿eh? ¿Ya te has embobado mirando a tu "amorcín"? -así era como lo llamaba ella. La tapé la boca con mi mano rápidamente  pues no quería que nos escuchasen.
-¿Eres boba? Se va a acabar enterando por tu culpa y no es precisamente el mejor sitio ni momento para que se entere.-la dije refiriéndome al colegio y a sus amigos. Cogí todas mis cosas y comencé a andar hacía mi clase.
-Tía no se a que estas esperando...¿Cuánto llevas así?¿Un año? Y todavía no se lo has dicho...-no me sentó muy bien, sabía lo mucho que me costaba expresar mis sentimientos y más si era a él.-¿Y si tu a el también le gustas?-siguió diciendo.
-Y si, y si.. siempre con lo mismo¿Y si no le gusto? Entonces ¿que? 

Esa era la pregunta que siempre me hacía a mi misma, la pregunta del millón y lo malo es que por más que me esforzase en buscar en mi mente, nunca había encontrado respuesta.
-Bueno, te veo a la salida y hablamos..-dijo mientras cada una nos dirigíamos a nuestra clase.


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Me había pasado todo el camino de vuelta a casa hablando con Paula y Teresa, eran las únicas que me comprendían. Sin darme cuenta, habían dado las tres y diez, llegaba demasiado tarde a casa. 
Al entrar, fue directamente a comer, la cocina estaba recogida y mi madre estaba sentada en una silla leyendo una revista, no tenía muy buen aspecto, tenía cara de enfado. Preferí no decir nada y sentarme, temía que algo estuviera pasando. 
-Ha llamado tu tutor -por su voz y su gesto de la cara, pude comprobar que no eran buenas noticias- me ha dicho que hoy habías mostrado interés apenas en clase y que no habías hecho las tareas que tenías para hoy, estaba muy preocupado.
Sabía a que se debía todo esto, me dedicaba tanto a pensar en Nico -así se llamaba- que no dedicaba tiempo a mis estudios, no atendía en clase y si lo hacia, perdía el interés en cuestión de segundos.
-Lo siento mamá, de verás. Pero es que me distraigo hasta con las moscas, pero voy a mejorar, de verdad, te lo promet... -iba a terminar la frase cuando ella me interrumpió.
-¡No se en que piensas! Todos tus profesores me llaman para decirme lo mismo y siempre me dices que vas a mejorar, ¡Pero no lo haces! Y ya no se que pensar, me prometes tantas cosas y al final nunca lo cumples. Ya no puedo creerte.
En ese momento supe todo, que hacía ya mucho tiempo desde que ella dejo de confiar en mi, desde que empezaron todos mis problemas. La rabia recorría todo mi cuerpo velozmente, no sabía que hacer, si gritar o llorar, pero me dí cuenta que ninguna de esas cosas solucionaría nada, más bien, lo empeoraría. Me levante de la silla, sin decir nada y salí de la cocina dando un portazo. 
Me puse los cascos y empecé a escuchar música, era lo único que conseguía calmarme, quizás era porque me desahogaba en ella, o simplemente quería taparme los oídos y no escuchar nada más.