-¡Emilse! -gritó alguien a mi lado, al girarme pude comprobar que era quién yo imaginaba, Paula ¿Quién iva a ser si no? Me miraba fijamente, con sus ojos azules bien abiertos y levantando las cejas- Que ¿eh? ¿Ya te has embobado mirando a tu "amorcín"? -así era como lo llamaba ella. La tapé la boca con mi mano rápidamente pues no quería que nos escuchasen.
-¿Eres boba? Se va a acabar enterando por tu culpa y no es precisamente el mejor sitio ni momento para que se entere.-la dije refiriéndome al colegio y a sus amigos. Cogí todas mis cosas y comencé a andar hacía mi clase.
-Tía no se a que estas esperando...¿Cuánto llevas así?¿Un año? Y todavía no se lo has dicho...-no me sentó muy bien, sabía lo mucho que me costaba expresar mis sentimientos y más si era a él.-¿Y si tu a el también le gustas?-siguió diciendo.
-Y si, y si.. siempre con lo mismo¿Y si no le gusto? Entonces ¿que?
Esa era la pregunta que siempre me hacía a mi misma, la pregunta del millón y lo malo es que por más que me esforzase en buscar en mi mente, nunca había encontrado respuesta.
-Bueno, te veo a la salida y hablamos..-dijo mientras cada una nos dirigíamos a nuestra clase.
-Bueno, te veo a la salida y hablamos..-dijo mientras cada una nos dirigíamos a nuestra clase.
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Me había pasado todo el camino de vuelta a casa hablando con Paula y Teresa, eran las únicas que me comprendían. Sin darme cuenta, habían dado las tres y diez, llegaba demasiado tarde a casa.
Al entrar, fue directamente a comer, la cocina estaba recogida y mi madre estaba sentada en una silla leyendo una revista, no tenía muy buen aspecto, tenía cara de enfado. Preferí no decir nada y sentarme, temía que algo estuviera pasando.
-Ha llamado tu tutor -por su voz y su gesto de la cara, pude comprobar que no eran buenas noticias- me ha dicho que hoy habías mostrado interés apenas en clase y que no habías hecho las tareas que tenías para hoy, estaba muy preocupado.
Sabía a que se debía todo esto, me dedicaba tanto a pensar en Nico -así se llamaba- que no dedicaba tiempo a mis estudios, no atendía en clase y si lo hacia, perdía el interés en cuestión de segundos.
-Lo siento mamá, de verás. Pero es que me distraigo hasta con las moscas, pero voy a mejorar, de verdad, te lo promet... -iba a terminar la frase cuando ella me interrumpió.
-¡No se en que piensas! Todos tus profesores me llaman para decirme lo mismo y siempre me dices que vas a mejorar, ¡Pero no lo haces! Y ya no se que pensar, me prometes tantas cosas y al final nunca lo cumples. Ya no puedo creerte.
En ese momento supe todo, que hacía ya mucho tiempo desde que ella dejo de confiar en mi, desde que empezaron todos mis problemas. La rabia recorría todo mi cuerpo velozmente, no sabía que hacer, si gritar o llorar, pero me dí cuenta que ninguna de esas cosas solucionaría nada, más bien, lo empeoraría. Me levante de la silla, sin decir nada y salí de la cocina dando un portazo.
Me puse los cascos y empecé a escuchar música, era lo único que conseguía calmarme, quizás era porque me desahogaba en ella, o simplemente quería taparme los oídos y no escuchar nada más.